Technostress en la Comunicación Profesional
- Traffic Seven

- 15 ene
- 3 min de lectura
Al cerrar el año 2025, reflexionamos sobre cómo el «FOMO tecnológico» sigue siendo una verdadera carga para muchos, y no podemos seguir ignorando su impacto.
La sobrecarga de comunicación está llevando a muchas personas al límite. En el ámbito laboral en particular, quienes son adictos a la conectividad constante utilizan todos los canales disponibles (como Slack, Teams, WhatsApp, aplicaciones de chat o mensajes directos en redes sociales) para comunicarse con las mismas personas, lo que multiplica la carga para todos sin que ello suponga una mejora real en la eficiencia o la eficacia.
A menudo, las empresas, organizaciones, centros educativos, etc., imponen estas herramientas para parecer actuales y atractivas, aumentar la percepción de su capacidad de respuesta o centralizar los datos, mientras que los proveedores tecnológicos se benefician de la recopilación de datos, la adopción generalizada, las suscripciones y la visibilidad. Sin embargo... ¿cuáles son los beneficios reales, tanto mentales como físicos, para quiénes están constatemente expuestos, o para quien las recibe y soporta los costes cognitivos y emocionales? Pensemos en nuestro entorno más cercano...
El Technostress, término acuñado a principios de los años 80, es el estrés que se deriva de tener que hacer malabarismos con múltiples plataformas, recibir notificaciones constantes y sentir la presión de responder a mensajes no solicitados, lo que tiene consecuencias como la falta de concentración, la disminución de la memoria, la reducción de la capacidad de atención y del rendimiento cognitivo, el agotamiento, el estrés negativo o los malentendidos, los cambios de humor y la pérdida de información, por no hablar de la adicción a estar pegados a la pantalla mientras se camina por la calle, se mantiene una reunión al volante, se hace ejercicio, se realizan videollamadas en manos libres y a todo volumen, incluso en las salas de espera de los hospitales, en el transporte público, etc.).
Estas herramientas son útiles cuando se usan bien pero no son inocentes ni neutrales. El manido y engañoso mantra de que «la tecnología no es buena ni mala, lo que importa es cómo la usamos», como todos sabemos a estas alturas, no se ajusta a la realidad del comportamiento humano y es hora de afrontar la realidad y dejar de aferrarnos a la utopía. Estas herramientas están diseñadas expresamente para captar la atención y fomentar la máxima atención, mediante notificaciones, alertas y bucles de retroalimentación. Esto afecta a todos los niveles de una organización.
Los mensajes fuera del horario laboral, lógicos en algunos proyectos o entornos, también se están convirtiendo en algo generalizado y habitual. Los equipos se adaptan sin atreverse a quejarse, e muchas ocasiones, aunque muchos nos reconozcan en privado que no se trata de un cambio positivo en su estilo de vida. Solo un pequeño porcentaje es capaz de proteger su entorno digital.
Se oye con frecuencia que la IA ya está resolviendo la sobrecarga de información en equipos mediante la automatización de tareas sencillas o percibidas como de bajo valor añadido. Sin duda, en algunos entornos esto funciona bien y con agilidad y esperamos que el futuro nos sorprenda con nuevas y mejores propuestas, pero en algunos entornos, el exceso de herramientas supuestamente más avanzadas no siempre es más eficaz, y muchos usuarios se ven obligados a recurrir a personas para realizar tareas que pensaban poder automatizar, y así evitar el ruido innecesario y la frustración.
Nuestra reflexión se basa en un uso intensivo de la tecnología, una curiosidad continua por el avance tecnológico sin perdernos en el hype de la adopción sin razón, y en nuestra propia experiencia en casos reales.
Para 2026 en adelante, expresamos un deseo: que el frenesí comunicativo se estabilice, adquiera un propósito, y sea más civilizado. De lo contrario, se corre el riesgo de saturar la atención, mermar las capacidades de un equipo y normalizar el estrés en las organizaciones y proyectos.





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